En la quietud del desierto, Dios se revela a Moisés no solo con un nombre, sino con una promesa y una presencia eterna. ¿Qué nos enseña este encuentro sobre el carácter del Eterno y nuestro llamado hoy?
El Encuentro Transformador
Shalom, familia de Redimidos de las Naciones. En nuestra búsqueda de las profundidades de la fe hebrea, encontramos momentos en la Torá que no son meras narrativas históricas, sino portales a la comprensión del carácter inmutable de HaShem. Uno de esos encuentros que define la historia de la redención es el de Moisés ante la zarza ardiente en el Monte Horeb, en Éxodo 3.
No fue un evento ordinario. Fue un fuego que ardía sin consumir, una paradoja divina que capturó la atención de un pastor en el desierto, transformándolo en el líder de la liberación de Israel. ¿Qué verdades eternas se desvelaron en ese santo lugar y cómo resuenan en nuestras vidas hoy, como redimidos de entre las naciones?

La Santidad del Encuentro y el Llamado
HaShem le dice a Moisés: «Quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es» (Éxodo 3:5). La presencia de Dios santifica el lugar. Esto nos recuerda que no solo ciertos lugares son santos, sino que cualquier espacio donde el Eterno decide manifestarse o donde nosotros le buscamos con reverencia, se convierte en tierra santa. Es una invitación a la humildad y al respeto.
La Curiosidad Divinamente Inspirada
Moisés, pastoreando ovejas, ve una zarza que arde y no se consume. Su respuesta es clave: «Me acercaré ahora para ver esta gran visión, por qué causa la zarza no se quema» (Éxodo 3:3). No se aleja, no lo ignora. Su curiosidad es un reflejo de un corazón receptivo al llamado divino.
En este acto de acercamiento, HaShem le habla. Esto nos enseña una verdad vital: a menudo, la revelación profunda requiere que detengamos nuestra rutina, observemos lo inusual y nos acerquemos con una actitud de asombro y reverencia. ¿Estamos nosotros, en medio de nuestra vida cotidiana, lo suficientemente atentos para percibir el fuego que no consume en nuestras propias vidas? ¿Estamos dispuestos a «acercarnos» cuando el Eterno nos llama?
La Revelación del Nombre: «Ehyeh Asher Ehyeh» (Yo Soy el que Soy))
Cuando Moisés pregunta por el nombre de Dios, recibe la profunda respuesta: «Ehyeh Asher Ehyeh» (Yo Seré el que Seré / Yo Soy el que Soy) (Éxodo 3:14).

