La palabra «Escucha» (Shema en hebreo) resuena con una profundidad inmensa a lo largo del Tanaj. No es una mera invitación a percibir sonidos, sino un imperativo que exige una atención completa y una obediencia activa. Esta noción de «escuchar» implica internalizar la instrucción divina, comprenderla en lo más hondo del ser y, finalmente, actuar en consecuencia. Es el punto de partida para toda verdadera conexión y cumplimiento del propósito establecido.
Desde una perspectiva hebrea, el acto de «escuchar» es sinónimo de hederir, de someterse y de comprometerse. Cuando el Tanaj nos insta a «escuchar», nos está llamando a una relación dinámica, donde la sabiduría no solo es recibida, sino asimilada y manifestada en la vida diaria. Esta es una clave fundamental para descifrar las capas de significado en todas las exhortaciones y directrices que encontramos en los textos sagrados, desde los principios fundacionales hasta los escritos apostólicos.
Así, la práctica de «escuchar» se convierte en una disciplina espiritual que moldea el carácter y dirige el camino. Al profundizar en el significado de este vocablo y su recurrencia, reconocemos que la vida en alineación con la voluntad superior comienza con un acto consciente de «escuchar». Este estudio nos desafía a cultivar una receptividad constante, que nos permita no solo oír, sino vivir la verdad en cada instante.
