El concepto de «Luz» (Or en hebreo) emerge como un principio primordial en los relatos iniciales del Tanaj, trascendiendo la simple iluminación física. Esta «Luz» no solo disipó la oscuridad, sino que estableció el orden inicial en el cosmos, siendo una manifestación directa de la voluntad divina. Es un símbolo recurrente que señala la presencia, la dirección y la revelación de la sabiduría inherente en toda la creación.
Desde una perspectiva hebrea, la «Luz» simboliza el conocimiento, el discernimiento y la claridad moral. Es la antítesis del caos y la ignorancia. A lo largo del Tanaj, esta «Luz» guía, instruye y expone la verdad, permitiendo que aquello que estaba oculto sea plenamente comprendido. Su aparición inicial marca el comienzo de toda existencia ordenada y es un recordatorio constante de la fuente de toda guía y entendimiento.
Por ende, sumergirse en el estudio de este concepto de «Luz» nos capacita para buscar y discernir la verdad en medio de la confusión. La promesa de la «Luz» es una constante en las Escrituras, ofreciendo dirección en los senderos de la vida y una claridad que trasciende las circunstancias. Este análisis nos inspira a caminar en la «Luz» de la instrucción divina, confiando en que revela el camino y disipa cualquier sombra.
