Cuando leemos la Torá, encontramos varios nombres para referirse a Dios. Lejos de ser un capricho literario, cada uno de estos nombres revela un aspecto diferente de la naturaleza divina. El estudio de los nombres de Dios es una ventana a la complejidad de la divinidad y a su relación con el mundo.
Elohim: El Dios del Orden y el Juicio El primer nombre que encontramos en la Torá es Elohim (אֱלֹהִים). Es un nombre en plural, pero el verbo que lo acompaña está en singular, lo que implica una pluralidad de poder unificada. Elohim es el nombre de Dios como creador, juez y fuente de autoridad. Se asocia con la creación del mundo y la justicia.
Adonai (YHVH): El Dios de la Misericordia y la Revelación El nombre más sagrado de Dios, que se escribe con las letras hebreas Yod-He-Vav-He (יהוה), es el nombre personal de Dios. Por su santidad, se pronuncia como Adonai (אֲדֹנָי), que significa «Mi Señor». Este nombre se asocia con la misericordia y la relación personal. A diferencia de Elohim, Adonai es el nombre que se revela a Moisés en la zarza ardiente, demostrando que Dios no es solo el creador distante, sino un ser que se involucra directamente en la historia de la humanidad.
La Tensión entre Justicia y Misericordia Una de las lecciones más profundas que obtenemos del estudio de los nombres es la tensión entre la justicia (Elohim) y la misericordia (Adonai). A lo largo de la Torá, vemos cómo Dios equilibra Su rol como juez con Su naturaleza compasiva. Este equilibrio es una lección para nosotros: ser justos, pero también actuar con misericordia.
Conclusión: El hecho de que Dios se revele con muchos nombres nos enseña que Él es demasiado vasto para ser contenido en una sola palabra. Cada nombre es un portal para una comprensión más profunda de Su naturaleza. El estudio de los nombres de Dios es una meditación sobre Su grandeza y una invitación a buscarlo en cada faceta de nuestra vida.
