Lo que permanece

Comentario · Parashá 5 · Jayei Sará
חַיֵּי שָׂרָה

Jayei Sará — «La vida de Sara»

Lo que permanece

¿Qué permanece cuando una vida termina?

«Y Abraham era viejo, avanzado en años; y el Eterno había bendecido a Abraham en todo».Bereshit 24:1
Centro de Estudios Bíblicos · Comentario de Parashá · Lectura: Bereshit 23:1–25:18 · ~11 min de lectura

La parashá Jayei Sará comienza con la muerte de Sara: «Y fue la vida de Sara ciento veintisiete años; estos fueron los años de la vida de Sara» (Bereshit 23:1). Después de acompañarla a lo largo de la historia de Abraham, la Torá llega al final de su vida y registra su muerte. Abraham hace duelo por ella, llora y busca un lugar donde sepultarla. Finalmente compra el campo y la cueva de Majpelá, en la tierra de Canaán, y allí sepulta a Sara (Bereshit 23:2–20).

Sin embargo, la historia no termina con la muerte de Sara. Inmediatamente después, Abraham comienza a ocuparse del futuro de Isaac. Envía a su siervo en busca de una esposa para su hijo y, en el camino, aparece Rebeca. Isaac la recibe, la toma por esposa y encuentra consuelo después de la muerte de su madre (Bereshit 24:67). Más adelante, Abraham ordena su casa, entrega a Isaac lo que le corresponde y finalmente muere. Entonces Isaac continúa la historia y el texto declara que, después de la muerte de Abraham, Dios bendijo a Isaac (Bereshit 25:5–11).

La parashá se mueve así entre una generación que llega a su final y otra que comienza a ocupar su lugar. Sara muere, pero Isaac continúa. Abraham muere, pero la promesa no termina con él. Entre ambas muertes, la Torá nos muestra cómo una familia atraviesa la pérdida, toma decisiones para el futuro y sigue caminando.

Por eso, Jayei Sará nos lleva a una pregunta que recorre toda la narración:

¿Qué permanece cuando una vida termina?

La muerte de Sara

La muerte de Sara no aparece como un dato secundario. Abraham se detiene para hacer duelo por ella y para ocuparse personalmente de su sepultura. La Escritura dice que «vino Abraham a hacer duelo por Sara y a llorarla» (Bereshit 23:2).

La escena es importante porque Abraham no intenta ocultar su dolor. Llora por Sara y después busca un lugar donde sepultarla. Los hijos de Het le ofrecen una sepultura, pero Abraham insiste en adquirir el campo y la cueva de Majpelá como propiedad para sepultura. El acuerdo se realiza públicamente y el terreno queda en posesión de Abraham (Bereshit 23:3–20).

La muerte introduce una realidad que Abraham no puede cambiar. Sara ha formado parte de su vida durante décadas y ahora ya no está. Abraham debe continuar el camino sin ella.

Esto también forma parte de la experiencia humana de la fe. Confiar en Dios no significa quedar al margen del dolor. Hay momentos en los que la fidelidad consiste en atravesar una pérdida delante de Dios, llorar lo que debe ser llorado y continuar atendiendo las responsabilidades que permanecen.

Abraham sepulta a Sara, pero su camino todavía continúa. Ahora debe ocuparse de Isaac y de lo que vendrá después.

Abraham piensa en Isaac

El capítulo 24 comienza presentando a Abraham como un hombre anciano, «avanzado en años», y añade que el Eterno lo había bendecido en todo (Bereshit 24:1). Inmediatamente después aparece una de las decisiones más importantes de esta etapa de su vida: Abraham debe buscar una esposa para Isaac.

El relato muestra así un cambio de perspectiva. Abraham acaba de atravesar la muerte de Sara, pero ahora debe pensar en la vida de su hijo. La historia de su familia no puede detenerse con la pérdida que acaba de experimentar.

Por eso envía a su siervo a buscar una mujer para Isaac entre su parentela. Abraham establece incluso los límites de esa búsqueda y deja claro que no quiere que Isaac tome esposa de las mujeres cananeas (Bereshit 24:2–4, 37–38).

Mientras su propia vida se acerca a su final, Abraham está tomando decisiones relacionadas con la generación que vendrá después de él. No puede detener el paso del tiempo, pero sí puede ocuparse de aquello que quedará cuando él ya no esté.

El carácter de Rebeca

El siervo de Abraham llega hasta un pozo y ora al Dios de su señor. Pide que la mujer que habrá de convertirse en esposa de Isaac sea reconocida por una acción concreta: cuando él le pida agua, que ella no solamente le dé de beber, sino que también se ofrezca a sacar agua para sus camellos (Bereshit 24:12–14).

Entonces aparece Rebeca. El relato describe su respuesta con bastante detalle. Ella baja el cántaro, le da de beber a Eliezer y después vuelve al pozo para sacar agua para sus camellos. No se limita a responder a la primera petición; permanece allí hasta terminar la tarea (Bereshit 24:15–20).

Todavía no sabe quién es Isaac. Tampoco conoce la importancia que tendrá su decisión. Para ella, en ese momento, solamente hay un viajero que necesita agua.

La narración presenta de esta manera una característica que será decisiva para el futuro de la familia: el carácter de Rebeca aparece en una situación cotidiana, antes de que ella conozca el lugar que ocupará en la historia. Muchas decisiones que terminan formando una vida tampoco parecen grandes cuando ocurren. Una respuesta, una disposición para servir o la manera en que tratamos a una persona que necesita ayuda pueden revelar quiénes somos mucho antes de que conozcamos las consecuencias de nuestras acciones.

En Rebeca, el relato encuentra a la mujer que continuará la familia de Isaac a través de una acción sencilla y concreta. Su futuro todavía es desconocido, pero el carácter con el que entra en la historia ya puede verse.

Rebeca entra en la casa de Sara

Cuando Rebeca llega finalmente a Canaán, Isaac sale al campo y la encuentra. Entonces la lleva a la tienda de su madre Sara:

«Y la trajo Isaac a la tienda de su madre Sara, y tomó a Rebeca por mujer, y la amó; y se consoló Isaac después de la muerte de su madre»Bereshit 24:67

Este versículo conecta directamente la llegada de Rebeca con la muerte de Sara. Isaac todavía está viviendo su duelo, pero ahora comienza una nueva etapa de su vida. Rebeca entra en la tienda que había pertenecido a Sara, se convierte en su esposa y él encuentra consuelo después de la muerte de su madre.

La Torá no dice que Rebeca reemplazara a Sara. Tampoco desarrolla aquí una explicación sobre todo lo que Sara había sido. Simplemente muestra que, después de una pérdida, la vida continúa y una nueva relación comienza a ocupar su lugar dentro de la familia.

La ausencia de Sara no hace que su historia desaparezca. Isaac continúa viviendo, forma su propia casa y la familia entra en una nueva etapa. La generación siguiente comienza a ocupar el espacio que antes pertenecía a la generación anterior.

La vida cambia de una generación a otra, pero lo que Dios está haciendo en esa familia continúa.

Abraham prepara su casa

El capítulo 25 vuelve a concentrarse en Abraham. Después de la muerte de Sara, Abraham toma a Cetura por mujer y tiene otros hijos. La narración continúa brevemente con sus descendientes, pero después se detiene para mostrar cómo Abraham organiza lo que dejará detrás de sí.

El texto dice:

«Y Abraham dio todo cuanto tenía a Isaac. Pero a los hijos de las concubinas dio Abraham dones, y los envió lejos de Isaac su hijo, mientras él vivía»Bereshit 25:5–6

La escena no desarrolla los sentimientos de Abraham ni explica sus decisiones en términos abstractos. Simplemente muestra que, antes de morir, Abraham establece qué recibirá Isaac y qué recibirán sus otros hijos.

Después de esto, la Torá registra la muerte de Abraham:

«Y estos fueron los días de los años que vivió Abraham: ciento setenta y cinco años»Bereshit 25:7

Sus hijos Isaac e Ismael lo sepultan en la cueva de Majpelá, en el mismo lugar donde había sido sepultada Sara. El relato vuelve así al lugar adquirido por Abraham en el capítulo 23. Allí fueron sepultados Sara y Abraham.

Hay una continuidad concreta en la narración: el lugar que Abraham adquirió para Sara termina siendo también el lugar donde él mismo será sepultado. La historia comenzó con la muerte de Sara y ahora llega a la muerte de Abraham.

Pero todavía no termina.

La historia continúa después de Abraham

Inmediatamente después de registrar la muerte y sepultura de Abraham, la Torá dice:

«Y aconteció, después de la muerte de Abraham, que Dios bendijo a Isaac su hijo»Bereshit 25:11

La ubicación de esta frase es significativa. Abraham muere y, sin detenerse, el relato vuelve sus ojos hacia Isaac.

La generación anterior ha terminado su recorrido, pero Dios continúa obrando en la siguiente. Esto no significa que Isaac simplemente repita la vida de Abraham. Isaac tendrá su propia historia, sus propias decisiones y sus propias pruebas. Pero recibe una promesa que no comenzó con él: una historia que venía avanzando desde la generación anterior.

La muerte de Abraham, entonces, no es el final de la historia que Dios estaba desarrollando. La promesa no dependía de que Abraham permaneciera vivo.

Este movimiento ayuda a comprender mejor toda la parashá. Jayei Sará no solamente habla de la muerte de dos personas importantes. También muestra cómo una generación llega al final de su camino mientras otra recibe la responsabilidad de continuar.

Lo que permanece

Después de recorrer estos capítulos, la pregunta inicial adquiere un significado más concreto.

Sara ya no está, pero Isaac continúa su vida y forma su propia familia. Abraham ya no está, pero Isaac permanece y Dios lo bendice. Rebeca entra en la historia y comienza una nueva etapa junto a Isaac. La promesa continúa avanzando dentro de una familia que ha cambiado.

Las personas mueren, las circunstancias cambian y las generaciones pasan. Sin embargo, una vida puede dejar algo que continúa después de ella. Eso se ve en Abraham y Sara: su historia no termina simplemente porque sus vidas hayan terminado. Hay una familia que continúa, una promesa que sigue adelante y una generación que recibe lo que la anterior había llevado consigo.

Por eso, el legado de una persona no se encuentra solamente en aquello que posee al morir. También puede verse en aquello que ayudó a formar en otros, en las decisiones que tomó pensando en el futuro y en la fidelidad con la que vivió mientras estuvo presente.

Abraham no pudo controlar lo que ocurriría después de su muerte. Lo que sí pudo hacer fue ser fiel en las decisiones que todavía estaban delante de él. Al final de su vida, Isaac estaba preparado para continuar el camino.

Vivir pensando en quienes vienen después

Jayei Sará nos coloca delante de una realidad que todos tendremos que enfrentar: nuestra vida tiene un límite. Sara llegó al final de sus días. Abraham también. Isaac todavía tenía camino por recorrer y la historia continuó.

Esto hace que la pregunta de la parashá también pueda dirigirse hacia nosotros. No se trata de imaginar qué dirán de nosotros después de morir ni de intentar construir una memoria que permanezca. Se trata de preguntarnos qué estamos formando mientras vivimos.

La manera en que tratamos a nuestra familia, la forma en que enfrentamos una pérdida, las decisiones que tomamos cuando debemos pensar en el futuro de nuestros hijos, nuestra manera de administrar lo que hemos recibido y aquello que enseñamos con nuestra propia vida pueden tener consecuencias que van más allá de nuestros propios años.

La vida de Abraham muestra precisamente ese tránsito. Durante muchos años recibió, esperó, caminó y tomó decisiones. Al final de su vida tuvo que preparar a su familia para continuar sin él. No podía permanecer para siempre, pero podía dejar en orden aquello que estaba bajo su responsabilidad.

Una invitación

Jayei Sará comienza con la muerte de Sara y termina después de la muerte de Abraham. Entre ambos acontecimientos, la Torá nos muestra cómo una familia atraviesa el duelo, cómo una nueva generación comienza a ocupar su lugar y cómo la promesa de Dios continúa avanzando.

Sara muere y Abraham la sepulta. Abraham piensa en Isaac y busca una esposa para él. Rebeca llega a la familia, e Isaac encuentra consuelo después de la muerte de su madre. Más adelante, Abraham ordena su casa y finalmente muere. Sus hijos lo sepultan junto a Sara y, después de su muerte, Dios bendice a Isaac.

La secuencia es sencilla, pero su significado alcanza nuestra propia vida. Cada generación recibe algo de la anterior y, tarde o temprano, debe decidir qué hará con aquello que recibió. Nosotros también estamos viviendo dentro de una historia que comenzó antes de nosotros y que continuará cuando ya no estemos.

Por eso la pregunta de Jayei Sará permanece delante de nosotros:

¿Qué permanecerá de nuestra vida cuando nosotros ya no estemos?

No podemos decidir cuánto tiempo tendremos ni controlar todo lo que sucederá después de nosotros. Pero sí podemos decidir cómo vivimos el tiempo que Dios nos concede y qué estamos formando mientras lo vivimos.

Tal vez no veremos todo el fruto de nuestras decisiones. Algunas cosas que hoy sembramos serán recogidas por quienes vienen después. Eso no disminuye el valor de nuestra fidelidad. Al contrario, nos recuerda que nuestra vida forma parte de algo más grande que nosotros mismos.

Abraham llegó al final de su camino y la historia continuó con Isaac. Sara murió y su familia continuó. Ellos ya no estaban para ver todo lo que vendría después, pero la historia que Dios había comenzado con ellos siguió avanzando.

Lo que permanece no es solamente aquello que dejamos atrás, sino también aquello que ayudamos a formar en quienes continuarán después de nosotros.

Edison Oquendo Autor del comentario · Redimidos de las Naciones

Referencias bíblicas principales

Torá

  • Bereshit 23:1–2 — La muerte de Sara y el duelo de Abraham.
  • Bereshit 23:3–20 — Abraham compra el campo y la cueva de Majpelá.
  • Bereshit 24:1–4 — Abraham, anciano y bendecido, envía a su siervo a buscar esposa para Isaac.
  • Bereshit 24:12–20 — La oración del siervo y la respuesta de Rebeca en el pozo.
  • Bereshit 24:67 — Isaac lleva a Rebeca a la tienda de Sara y es consolado.
  • Bereshit 25:5–6 — Abraham entrega todo a Isaac.
  • Bereshit 25:7–10 — Muerte y sepultura de Abraham en Majpelá.
  • Bereshit 25:11 — Después de la muerte de Abraham, Dios bendice a Isaac.

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