Toledot — «Descendientes»
Cuando la bendición es puesta a prueba
¿Qué hacemos cuando la bendición de Dios no elimina el conflicto?
Por Edison Oquendo
La parashá Toledot comienza con Isaac y Rebeca esperando el nacimiento de sus hijos. Isaac ora por su esposa porque era estéril, y el Eterno responde a su oración. Cuando Rebeca concibe, los hijos luchan dentro de ella y ella consulta al Eterno. La respuesta que recibe anuncia que de su vientre saldrán dos pueblos y que «el mayor servirá al menor» (Bereshit 25:19–23).
Desde antes de nacer, Jacob y Esaú aparecen enfrentados. Sin embargo, el conflicto entre ellos no comienza realmente con una pelea entre dos hermanos, sino con la manera en que cada uno valora aquello que tiene delante. Esaú vuelve del campo cansado y encuentra a Jacob preparando un guiso. Cuando pide comer, Jacob le propone cambiarle la comida por su primogenitura. Esaú acepta y, de esta manera, menosprecia aquello que le correspondía como primogénito (Bereshit 25:29–34).
El relato presenta así una primera tensión alrededor de la bendición: hay cosas que recibimos por nuestra posición, nuestra familia o nuestra historia, pero también hay que decidir qué valor tienen para nosotros. Esaú tenía la primogenitura, pero en aquel momento no la consideró suficientemente importante como para conservarla.
Jacob, en cambio, sí la valoraba. Sin embargo, más adelante veremos que reconocer el valor de una bendición no significa necesariamente saber cómo recibirla.
Isaac en Gerar
Después de la historia de sus hijos, la parashá vuelve a Isaac. Una época de hambre lleva a Isaac a Gerar, donde el Eterno se le aparece y le confirma la promesa hecha a Abraham. Isaac permanece allí y siembra en aquella tierra. El resultado es extraordinario: «Y sembró Isaac en aquella tierra, y cosechó aquel año ciento por uno; y le bendijo el Eterno» (Bereshit 26:12).
La prosperidad de Isaac, sin embargo, no elimina sus problemas. Los filisteos sienten envidia de él, y Abimelec finalmente le dice: «Apártate de nosotros, porque te has hecho mucho más poderoso que nosotros» (Bereshit 26:16).
Isaac tiene que apartarse. Su prosperidad no hace desaparecer la oposición; en cierto sentido, la hace más visible. El hombre que ha recibido la bendición también tiene que aprender a vivir con las reacciones que esa bendición provoca a su alrededor.
Isaac se establece en el valle de Gerar y vuelve a abrir los pozos que habían sido cavados en los días de Abraham y que los filisteos habían cegado después de la muerte de su padre (Bereshit 26:17–18). Pero cada vez que encuentra agua aparece un nuevo conflicto.
Los pastores de Gerar reclaman el primer pozo, y los hombres de Isaac continúan trabajando en otro. Lo mismo sucede nuevamente. Isaac no abandona la búsqueda de agua, pero tampoco convierte cada disputa en una batalla. Sigue avanzando y abre nuevos pozos.
Los pozos de Isaac
Aquí aparece uno de los momentos más conocidos de la vida de Isaac. Después de varios conflictos, sus siervos encuentran otro pozo y esta vez nadie riñe por él. Isaac lo llama Rehobot y dice:
Isaac no interpreta cada dificultad como una señal de que Dios ha dejado de estar con él. Los primeros pozos fueron disputados, pero él continuó trabajando. Tuvo que moverse, volver a excavar y comenzar nuevamente, hasta encontrar un lugar donde pudiera establecerse sin aquella misma oposición.
Su actitud merece atención porque Isaac no responde a la hostilidad abandonando aquello que estaba haciendo. Tampoco permite que cada conflicto determine el rumbo de su vida. Continúa buscando, trabajando y avanzando.
Finalmente, después de haber atravesado esos conflictos, llega a un lugar donde puede decir que el Eterno lo ha prosperado.
La bendición, entonces, no significa que todo será sencillo. Isaac está bendecido y, al mismo tiempo, enfrenta oposición, desplazamientos y disputas. Ambas cosas aparecen juntas en el relato.
Cuando la bendición genera temor
Después de establecerse en Rehobot, Isaac sube a Beerseba. Allí el Eterno se le aparece y le dice:
Es significativo que estas palabras aparezcan después de los conflictos por los pozos. Isaac había experimentado prosperidad, pero también había conocido el rechazo y la oposición. En medio de esa situación, Dios le recuerda que su presencia no depende de que las circunstancias sean tranquilas.
Poco después, Abimelec llega hasta Isaac acompañado de algunos de sus hombres. Esta vez no viene para reclamar un pozo. Le dice: «Hemos visto claramente que el Eterno ha estado contigo» (Bereshit 26:28), y propone hacer un pacto.
Isaac prepara un banquete y ambos hacen un juramento. Al día siguiente se despiden en paz, y ese mismo día los siervos de Isaac vienen a informarle que han encontrado agua en otro pozo (Bereshit 26:30–32).
La escena muestra un cambio importante. El mismo hombre que había sido expulsado de la región ahora es buscado por aquellos que reconocen que Dios está con él. Isaac no necesitó conquistar a sus antiguos adversarios para llegar hasta allí. Siguió adelante, y con el tiempo su forma de vivir terminó siendo reconocida incluso por quienes antes habían tenido temor de él.
La bendición que Jacob quiso asegurar
Pero mientras Isaac aprende a atravesar los conflictos con paciencia, la familia enfrenta otro problema.
Isaac envejece y decide bendecir a Esaú. Rebeca escucha la conversación y recuerda las palabras que había recibido cuando sus hijos aún estaban en su vientre: «el mayor servirá al menor» (Bereshit 25:23). Entonces prepara un plan para que Jacob reciba la bendición destinada a Esaú.
Jacob se presenta ante su padre haciéndose pasar por su hermano. Isaac pregunta: «¿Eres tú mi hijo Esaú?». Jacob responde: «Yo soy» (Bereshit 27:18–19). Finalmente, Isaac lo bendice.
Cuando Esaú regresa y descubre lo ocurrido, comprende que la bendición ha sido dada a Jacob. Su reacción es de profunda angustia y después de enojo. Dice que esperará la muerte de su padre para matar a su hermano (Bereshit 27:30–41).
Aquí la historia cambia de tono. Isaac había enfrentado conflictos externos por causa de sus pozos, pero ahora el conflicto se encuentra dentro de su propia casa.
Jacob valoraba la bendición y la primogenitura, pero decidió asegurarlas mediante el engaño. El relato no presenta esa decisión como un camino sin consecuencias. Aunque la bendición ha sido pronunciada, Jacob tiene que abandonar su casa para escapar de la ira de Esaú.
La promesa que aparece en la historia de esta familia no elimina las decisiones humanas ni sus consecuencias. Jacob obtiene aquello que buscaba, pero el camino que escogió para conseguirlo tiene un precio.
Cuando nuestras decisiones tienen consecuencias
Rebeca le dice a Jacob que huya a casa de Labán, su hermano, hasta que pase la ira de Esaú. Isaac también lo envía hacia la familia de Rebeca y lo bendice antes de su partida (Bereshit 27:42–28:5).
Así, el hombre que había habitado en tiendas junto a su familia ahora sale de su casa. La bendición que recibió no significa que todo quede resuelto inmediatamente. Jacob tiene que comenzar una nueva etapa lejos de su padre, de su madre y de su hermano.
Esta parte de la historia resulta especialmente importante porque nos obliga a mirar la bendición y las decisiones humanas al mismo tiempo. Jacob había recibido una posición que valoraba, pero intentó alcanzarla mediante sus propias estrategias. La historia continúa, pero no como si nada hubiera ocurrido.
La Escritura puede mostrarnos que Dios continúa llevando adelante su propósito sin presentar como correctas todas las decisiones de quienes participan en él. La vida de Jacob todavía tendrá mucho que recorrer, y las consecuencias de sus decisiones formarán parte de ese camino.
La promesa continúa a pesar de nuestras decisiones
Toledot reúne, de esta manera, dos historias que parecen diferentes pero que están relacionadas.
Isaac enfrenta conflictos externos: los filisteos disputan sus pozos, lo obligan a apartarse y reaccionan con temor ante su prosperidad. Isaac responde trabajando, trasladándose cuando es necesario y volviendo a comenzar. Finalmente encuentra Rehobot y reconoce que el Eterno lo ha prosperado.
Jacob, en cambio, enfrenta un conflicto dentro de su propia familia. Quiere recibir la bendición y participa en un engaño que provoca una ruptura con Esaú y lo obliga a abandonar su casa.
En ambos casos aparece la misma realidad: la bendición no coloca a una persona fuera de los conflictos de la vida.
Isaac es bendecido y tiene que enfrentar oposición. Jacob recibe la bendición, pero tiene que enfrentar las consecuencias de sus decisiones. Ninguno de los dos vive una historia sin dificultades.
Tal vez por eso Toledot no presenta la bendición como una vida sin problemas. La bendición debe ser vivida en medio de decisiones, relaciones, conflictos y responsabilidades. Lo que hacemos con aquello que hemos recibido también forma parte de nuestra historia.
Isaac nos muestra la importancia de perseverar sin permitir que cada conflicto nos haga abandonar el camino. Jacob nos recuerda que desear algo correcto no convierte automáticamente en correcto el camino que escogemos para obtenerlo.
Una invitación
Toledot nos deja delante una pregunta que no desaparece cuando termina la historia de Isaac y comienza la de Jacob:
¿Qué hacemos cuando la bendición de Dios no elimina el conflicto?
Isaac no dejó de avanzar porque encontró oposición. Volvió a abrir pozos, se trasladó cuando fue necesario y continuó trabajando hasta encontrar un lugar donde pudiera establecerse. Cuando finalmente encontró Rehobot, reconoció que detrás de aquello estaba la prosperidad que el Eterno le había concedido.
Jacob, por su parte, nos recuerda que incluso cuando sabemos valorar aquello que Dios pone delante de nosotros, podemos equivocarnos en la manera de alcanzarlo. Las decisiones tienen consecuencias, y la bendición no convierte nuestras acciones en algo correcto por el simple hecho de que deseemos recibirla.
Toledot nos invita a mirar nuestra propia vida con esa misma honestidad. Habrá momentos en los que la bendición llegará acompañada de oposición. Habrá otros en los que nuestras propias decisiones complicarán el camino. En ambos casos tendremos que aprender a confiar en Dios, actuar con responsabilidad y continuar caminando.
Porque la bendición de Dios no siempre significa ausencia de conflicto. A veces significa aprender a permanecer fieles mientras atravesamos el conflicto.
Y quizá esa sea la pregunta que debemos llevarnos de esta parashá: ¿qué hacemos con la bendición que hemos recibido cuando el camino no resulta como esperábamos?
Referencias bíblicas principales
Torá
- Bereshit 25:19–23 — La oración de Isaac y el oráculo a Rebeca: «el mayor servirá al menor».
- Bereshit 25:29–34 — Esaú menosprecia la primogenitura.
- Bereshit 26:12 — Isaac siembra en Gerar y cosecha ciento por uno.
- Bereshit 26:16–18 — Abimelec aparta a Isaac; Isaac reabre los pozos de Abraham.
- Bereshit 26:22 — Rehobot: «Ahora el Eterno nos ha prosperado».
- Bereshit 26:24 — «No temas, porque yo estoy contigo».
- Bereshit 26:28–32 — El pacto con Abimelec y un nuevo pozo.
- Bereshit 27:18–41 — Jacob recibe la bendición mediante engaño; la ira de Esaú.
- Bereshit 27:42–28:5 — Jacob huye a casa de Labán con la bendición de Isaac.
