Lej Lejá — «Ve para ti»
El día que Abraham vio
¿Qué vio Abraham cuando todavía no podía ver el cumplimiento de la promesa?
Por Edison Oquendo
El llamado que inicia la promesa
«Sal de tu tierra, de tu parentela y de la casa de tu padre, hacia la tierra que yo te mostraré» (Bereshit 12:1).
El camino de Abraham comienza con una palabra. El Eterno le pide que salga de lo conocido y avance hacia una tierra que todavía no puede ver. La promesa llega antes que la explicación: «Haré de ti una nación grande, te bendeciré y engrandeceré tu nombre» (Bereshit 12:2). Abraham obedece y comienza un camino en el que tendrá que confiar en aquello que todavía no puede contemplar con sus propios ojos.
Hebreos 11:8 recuerda esta escena diciendo que Abraham obedeció para salir hacia el lugar que recibiría como herencia «sin saber a dónde iba». Su fe no consistió en conocer de antemano cada detalle del camino, sino en confiar en la palabra de Aquel que lo había llamado.
Pero la promesa planteaba una dificultad que Abraham tendría que enfrentar durante muchos años. Dios había hablado, Abraham había obedecido y la promesa había sido pronunciada; sin embargo, el cumplimiento todavía no aparecía.
Cuando la promesa todavía no se puede ver
Abraham atraviesa la tierra, levanta altares, enfrenta una hambruna, desciende a Egipto, regresa a Canaán y finalmente se separa de Lot. Después rescata a su sobrino y recibe la bendición de Melquisedec. La historia avanza, pero Abraham continúa sin tener el hijo que debería dar origen a la descendencia prometida.
Es entonces cuando Bereshit 15 vuelve a llevarnos al centro del problema. Dios le dice: «No temas, Abram; yo soy tu escudo, y tu recompensa será muy grande» (Bereshit 15:1). Abraham responde hablando de aquello que todavía no entiende: «Señor Eterno, ¿qué me darás, siendo así que ando sin hijo?» (Bereshit 15:2).
Dios lo lleva fuera y le dice: «Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar... Así será tu descendencia» (Bereshit 15:5). Abraham vuelve a creer, y la Torá registra: «Y creyó al Eterno, y le fue contado por justicia» (Bereshit 15:6).
Pero todavía queda una pregunta. Abraham dice: «¿Cómo sabré que la he de heredar?» (Bereshit 15:8). La pregunta nos permite entender lo que sucede después: Abraham sigue hablando de la misma promesa. Dios ha prometido descendencia y tierra, pero él todavía no puede ver cómo llegará a cumplirse.
Entonces comienza la escena del pacto.
La oscuridad en medio de la promesa
Abraham prepara los animales conforme a la instrucción recibida y espera. El día comienza a terminar. El sol se pone y la oscuridad cae sobre él:
La escena no cambia de tema. Dios está mostrando a Abraham algo relacionado con el futuro de aquella promesa. Inmediatamente después le anuncia que su descendencia será extranjera en una tierra que no será la suya, que servirá allí y que será afligida durante cuatrocientos años (Bereshit 15:13).
Antes de contemplar el cumplimiento, Abraham escucha que el camino de su descendencia pasará por sufrimiento. La promesa es verdadera, pero su cumplimiento tendrá que atravesar una historia que Abraham todavía no conoce.
La tradición midráshica amplió posteriormente esta escena. En Bereshit Rabbah 44, la «gran oscuridad» es interpretada en relación con los futuros poderes que someterían a Israel. El Midrash identifica distintos elementos de la expresión con Babilonia, Media, Grecia y Edom, leyendo la experiencia de Abraham como una anticipación de la historia de sus descendientes.
El texto de Bereshit, sin embargo, ya nos da una explicación suficiente para entender la escena: Abraham está siendo llevado a mirar más allá de su propio tiempo. La promesa que recibió tendrá que atravesar generaciones antes de llegar a su cumplimiento.
Aquí aparece la pregunta que acompaña toda esta parashá:
¿Qué vio Abraham cuando todavía no podía ver el cumplimiento de la promesa?
Vio que la palabra de Dios no significaba que el camino sería sencillo. Vio que entre la promesa y su cumplimiento habría una historia que incluiría sufrimiento, espera y liberación.
Y en medio de esa oscuridad apareció el fuego.
El pacto que Dios establece
«Y sucedió que, al ponerse el sol y oscurecerse, he aquí un horno humeante y una antorcha de fuego que pasaban entre aquellas piezas» (Bereshit 15:17).
La escena termina con una manifestación de fuego. Después de ella, la Torá declara:
El relato presenta al Eterno como quien pasa entre las piezas y establece el pacto. Abraham había preparado los animales y permanecía allí, pero la acción decisiva corresponde a Dios.
Esto resulta significativo. La promesa que Abraham no podía controlar tampoco dependía de que él pudiera conocer todo el futuro. Dios estaba estableciendo el pacto mientras Abraham contemplaba aquella escena.
El Midrash también desarrolla esta visión. Bereshit Rabbah 44 relaciona el paso entre las piezas con acontecimientos posteriores de la historia de Israel, incluso con la división del Mar Rojo. Es una interpretación rabínica posterior al texto bíblico y muestra cómo la tradición entendió aquella escena como una anticipación de acontecimientos que todavía no habían ocurrido.
Abraham, sin embargo, todavía no ve la descendencia prometida. No ve la salida de Egipto ni la entrada de Israel en la tierra. No ve las generaciones que vendrán después de él. Lo que recibe es la certeza de que el Dios que habló también es capaz de llevar adelante aquello que ha prometido.
Aprender a esperar
La historia continúa y la espera no desaparece. Abraham y Sara siguen sin tener el hijo prometido. En Bereshit 16 aparece Ismael y, posteriormente, en Bereshit 17, Dios reafirma su pacto, cambia los nombres de Abram y Sarai a Abraham y Sara y anuncia que Sara tendrá un hijo.
La promesa vuelve a ser pronunciada porque todavía no ha llegado el momento de verla cumplida.
La fe de Abraham se desarrolla precisamente dentro de esa espera. No se trata solamente de creer en un momento determinado, sino de continuar caminando cuando las circunstancias todavía no muestran aquello que Dios ha dicho.
Por eso Bereshit 15:6 ocupa un lugar tan importante: Abraham creyó antes de ver el cumplimiento.
Isaías retomará posteriormente su historia:
La historia de Abraham comenzó con una sola persona que recibió una promesa. Lo que él alcanzó a ver fue solamente una parte de aquello que Dios estaba haciendo.
«Abraham se alegró de ver mi día»
Muchos años después, Yeshúa pronuncia unas palabras que nos llevan nuevamente a Abraham:
Esta declaración introduce una pregunta importante: ¿qué significa que Abraham vio el día de Yeshúa?
El propio texto de Juan no explica de manera detallada cuál fue la visión concreta a la que Yeshúa se refiere. Por eso debemos distinguir entre la afirmación del texto y las interpretaciones posteriores.
Lo que sí encontramos es una conexión entre Abraham, la promesa y aquello que todavía estaba por venir. Abraham recibió una palabra cuyo cumplimiento alcanzaría generaciones posteriores. Hebreos 11:13 expresa esta misma dinámica al decir que los creyentes de aquella generación murieron en fe sin haber recibido las cosas prometidas, pero las vieron y las saludaron desde lejos.
Desde la perspectiva de Juan, Yeshúa presenta su propio «día» como algo que Abraham esperaba y cuya llegada produjo alegría. Algunas traducciones y tradiciones interpretativas entienden esta expresión directamente en relación con la venida del Mesías, mientras que otras han propuesto una referencia al cumplimiento de las promesas dadas a Abraham. El texto permite reconocer la conexión con la esperanza futura sin obligarnos a afirmar que Abraham recibió una visión detallada de cada acontecimiento posterior.
Esto también nos ayuda a leer nuevamente Bereshit 15. Abraham contempló la promesa desde su propia generación, pero su alcance iba mucho más allá de ella. Vio que Dios mantendría su palabra aun cuando él no pudiera contemplar todo lo que sucedería después.
Una promesa que continúa
El Brit Jadashá presenta a Yeshúa dentro de esta historia de promesa y cumplimiento. En Lucas 22:20, al hablar de la copa, Yeshúa declara: «Esta copa es la nueva alianza en mi sangre, que es derramada por vosotros».
Hebreos 12:24 también presenta a Yeshúa como «mediador de un nuevo pacto». Estas expresiones utilizan el lenguaje bíblico del pacto y colocan la obra de Yeshúa dentro de la historia de redención que atraviesa las Escrituras.
No es necesario convertir cada elemento de Bereshit 15 en una descripción directa de los acontecimientos de Jerusalén. Es suficiente reconocer la continuidad de una historia: Dios llama, promete, establece pacto y lleva adelante su propósito a través de generaciones.
La fe de Abraham pertenece a esa historia porque él aprendió a esperar aquello que todavía no podía ver.
El día que todavía esperamos
La esperanza bíblica continúa mirando hacia el futuro. Zacarías anuncia:
La promesa que comenzó con el llamado de Abraham termina abriendo una perspectiva mucho mayor que su propia vida. Él no vio el desarrollo completo de esa historia, pero caminó dentro de ella.
También nosotros vivimos entre la promesa y su cumplimiento. Hay momentos en los que sabemos lo que Dios ha dicho, pero no podemos ver todavía cómo llegará a realizarse. La experiencia de Abraham recuerda que no siempre conoceremos el camino antes de recorrerlo.
En Bereshit 15, Abraham recibió una visión que incluía tanto la oscuridad como el fuego. Supo que sus descendientes atravesarían aflicción, pero también recibió la confirmación del pacto. La noche no anuló la promesa.
Una invitación
Abraham comenzó su camino sin saber adónde iba. Después tuvo que aprender a esperar una promesa que no se cumplía en el tiempo que él hubiera podido imaginar. En la noche de Bereshit 15 recibió además la noticia de que sus descendientes atravesarían un largo período de aflicción.
Sin embargo, siguió creyendo.
Tal vez allí está una de las preguntas más importantes de Lej Lejá para nosotros: ¿podemos seguir caminando cuando todavía no vemos el cumplimiento?
Abraham no recibió todas las respuestas. Recibió una palabra y aprendió a confiar en quien la había pronunciado. Por eso, cuando Yeshúa habló del día que Abraham vio, habló también de una fe capaz de mirar más allá de su propio tiempo y alegrarse por aquello que todavía estaba por venir.
La invitación de Lej Lejá no es simplemente a comenzar un camino de fe. Es también a permanecer en él cuando la promesa tarda, cuando aparecen preguntas y cuando la noche llega antes de que podamos ver el amanecer.
Abraham caminó sin ver todo el camino. Pero siguió caminando.
Y esa misma confianza permanece delante de nosotros: creer al Eterno cuando todavía no vemos, esperar cuando todavía no comprendemos y permanecer fieles mientras aguardamos el cumplimiento de su palabra.
Referencias bíblicas principales
Torá
- Bereshit 12:1–3 — El llamado de Abraham y la promesa.
- Bereshit 15:1–6 — «Mira ahora los cielos»: Abraham creyó y le fue contado por justicia.
- Bereshit 15:8–17 — El pacto entre las piezas, la oscuridad y el fuego.
- Bereshit 15:13 — Anuncio de la aflicción de su descendencia.
- Bereshit 15:18 — El Eterno hace pacto con Abram.
- Bereshit 16–17 — Ismael, el cambio de nombres y la reafirmación del pacto.
Profetas
- Isaías 51:2 — «Mirad a Abraham, vuestro padre».
- Zacarías 14:9 — «El Eterno será rey sobre toda la tierra».
Brit Jadashá
- Lucas 22:20 — La copa de la nueva alianza.
- Juan 8:56 — «Abraham se alegró de ver mi día».
- Hebreos 11:8 — Abraham salió sin saber a dónde iba.
- Hebreos 11:13 — Vieron las promesas y las saludaron de lejos.
- Hebreos 12:24 — Yeshúa, mediador de un nuevo pacto.
Referencias rabínicas
- Bereshit Rabbah 44 — La «gran oscuridad» y los reinos que someterían a Israel; el paso entre las piezas.
