Cuando la integridad se convierte en responsabilidad

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Comentario · Parashá 2 · Noaj
נֹחַ

Noaj — «Reposo»

Cuando la integridad se convierte en responsabilidad

¿Qué hacemos con nuestra fidelidad cuando vivimos en medio de una generación que se ha apartado de Dios?

«Noaj era un hombre justo, perfecto en sus generaciones; con Dios caminó Noaj».Bereshit 6:9
Centro de Estudios Bíblicos · Comentario de Parashá · Lectura: Bereshit 6:9–11:32 · ~10 min de lectura

נֹחַ — Noaj.

«Reposo».

Así comienza esta porción de la Torá. La Parashá anterior terminó mostrando cómo la humanidad se alejaba cada vez más del propósito para el cual había sido creada. Caín levantó su mano contra su hermano, la violencia se extendió y finalmente la tierra quedó llena de corrupción.

Ahora, en medio de aquella generación, aparece un hombre diferente:

«Noaj era un hombre justo, perfecto en sus generaciones; con Dios caminó Noaj».Bereshit 6:9

La Torá no lo presenta como un hombre poderoso ni como alguien que ocupaba una posición de autoridad. Lo presenta como un hombre que caminaba con Dios. En una generación que había tomado otro camino, Noaj permaneció fiel.

La expresión «en sus generaciones» fue objeto de una antigua discusión entre los sabios. Rabí Yohanan, en el Talmud Bavlí, Sanhedrín 108a, entendió que Noaj era justo en relación con su generación, mientras que Reish Lakish, en el mismo pasaje, sostuvo que si había sido capaz de permanecer justo en una generación tan perversa, cuánto más lo habría sido en una generación diferente. La discusión no disminuye la justicia de Noaj; nos invita a mirar con atención la clase de hombre que la Torá está describiendo.

Noaj no solamente era justo. Caminaba con Dios.

Y cuando Dios habló, obedeció.

El Eterno le anunció que vendría el diluvio y le dio instrucciones precisas para construir un arca. La respuesta de Noaj fue sencilla:

«Y lo hizo Noaj; hizo conforme a todo lo que Dios le mandó».Bereshit 6:22

Noaj creyó antes de ver. Construyó un arca cuando todavía no había evidencia visible de aquello que Dios había anunciado. Por eso el autor de Hebreos interpreta su historia diciendo:

«Por la fe Noé, siendo advertido por Dios acerca de cosas que aún no se veían, con temor preparó el arca».Hebreos 11:7

La fe de Noaj no fue solamente una convicción interior. Se convirtió en obediencia. Escuchó, creyó y actuó.

Pero hay algo que la Torá no nos dice directamente: no registra un discurso de Noaj dirigido a su generación antes del diluvio. Durante mucho tiempo esto ha llevado a algunos intérpretes a verlo como un hombre justo que permaneció apartado de quienes lo rodeaban. Sin embargo, la tradición rabínica conserva otra lectura. Rabí Yosei de Cesarea, en el Talmud Bavlí, Sanhedrín 108a, interpreta un pasaje de Job diciendo que Noaj reprendía a los hombres de su generación y les decía: «Hagan teshuvá», advirtiéndoles que de lo contrario vendría sobre ellos el diluvio.

La misma tradición continúa en Sanhedrín 108b, donde Rava enseña que Noaj reprendía a su generación con palabras «duras como antorchas», mientras ellos se burlaban de él y cuestionaban la construcción del arca.

No sabemos cuánto tiempo habló Noaj, cuántos lo escucharon ni qué efecto tuvieron sus palabras. La Torá tampoco nos dice que alguien haya respondido a su llamado. Pero la tradición nos permite contemplar a Noaj de una manera distinta: no solamente como un hombre que se preservó de la corrupción, sino como alguien que llamó a otros a volver a Dios.

Y aquí aparece una pregunta que sigue siendo profundamente actual: ¿qué hacemos cuando somos fieles y quienes nos rodean no responden?

Noaj obedeció. Construyó el arca. Advirtió, según la tradición rabínica. Pero el diluvio llegó.

«Y pereció toda carne que se mueve sobre la tierra».Bereshit 7:21

La fidelidad de un hombre no consiguió detener el juicio sobre aquella generación. Y esto también forma parte de la enseñanza. Noaj podía obedecer a Dios, podía advertir, podía construir el arca; pero no podía decidir por los demás.

La responsabilidad humana tiene un límite. Podemos hablar, enseñar, advertir y dar testimonio, pero no podemos obligar a otra persona a escuchar.

Cuando finalmente las aguas comienzan a disminuir, la Torá dice:

«Y se acordó Dios de Noaj, y de todos los animales y de todas las bestias que estaban con él en el arca».Bereshit 8:1

Noaj sale del arca y lo primero que hace es levantar un altar al Eterno (Bereshit 8:20). El mundo que conocía había desaparecido, pero su relación con Dios permanecía.

Entonces Dios establece un pacto.

No solamente con Noaj, sino con sus descendientes y con todo ser viviente. El arco en las nubes se convierte en señal de ese pacto:

«Esta es la señal del pacto que establezco entre mí y vosotros y todo ser viviente que está con vosotros, por generaciones perpetuas».Bereshit 9:12

El diluvio, por tanto, no es el final de la historia. Después del juicio viene el pacto. Después de las aguas viene una nueva oportunidad para la humanidad.

En ese mismo contexto aparece una afirmación que conecta directamente esta Parashá con la anterior. Dios declara:

«El que derramare sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada; porque a imagen de Dios es hecho el hombre».Bereshit 9:6

La imagen de Dios no desapareció de la humanidad después de la caída. La violencia de la generación de Noaj había revelado hasta dónde podía llegar el pecado, pero el ser humano seguía llevando la imagen de su Creador.

La vida humana continúa teniendo un valor que no depende de la condición moral de la persona. La dignidad procede de Dios.

Y, sin embargo, la historia de Noaj no termina con esta imagen de victoria.

Después del diluvio, Noaj planta una viña. Bebe de su vino y queda desnudo dentro de su tienda (Bereshit 9:20–21). El hombre que había encontrado gracia delante de Dios vuelve a mostrarnos su fragilidad.

Shem y Yafet entran de espaldas y cubren a su padre sin mirar su desnudez. La escena es breve, pero resulta significativa. La Escritura no convierte a Noaj en un personaje incapaz de caer. El justo también necesita permanecer delante de Dios. La fidelidad de una etapa de la vida no nos exime de seguir caminando con Él en la siguiente.

Existe una imagen tradicional que habla del tzadik im peltz, «el justo con abrigo de piel». La imagen compara dos maneras de enfrentar el frío: una persona puede ponerse un abrigo y conservar el calor para sí misma, o puede encender un fuego alrededor del cual otros también encuentren calor.

La imagen plantea una pregunta sencilla: ¿nuestra fidelidad solamente nos protege a nosotros o también puede convertirse en una fuente de vida para otros?

Noaj había sido preservado dentro del arca. Ahora debía comenzar una nueva etapa en una tierra que había quedado atrás del juicio. Y cuando la historia continúa, aparece otro hombre cuyo llamado tendrá una dimensión diferente.

Avraham.

A Noaj Dios le dice:

«Entra tú y toda tu casa en el arca».Bereshit 7:1

A Avraham le dirá:

«Vete de tu tierra, de tu parentela y de la casa de tu padre».Bereshit 12:1

Noaj entra.

Avraham sale.

La diferencia no significa que Noaj haya sido un hombre malo ni que su justicia fuera insuficiente delante de Dios. Noaj fue justo y obediente. Pero con Avraham aparece con mayor claridad otra dimensión del llamado: Dios no solamente quiere preservar a un hombre; quiere hacer de él una bendición para otros.

«Y serán benditas en ti todas las familias de la tierra».Bereshit 12:3

La historia que comenzó con Noaj continúa ahora hacia una familia que será llamada a llevar la bendición de Dios a las naciones.

Aquí la pregunta de esta Parashá comienza a encontrarse con la de Bereshit.

En la primera Parashá escuchamos:

«¿Dónde estás?»

Ahora podemos preguntar:

«¿Qué haces con aquello que Dios ha puesto en tus manos?»

Noaj recibió una palabra y obedeció. Recibió una responsabilidad y la llevó adelante. Según la tradición rabínica, también recibió la tarea de advertir a su generación. Avraham recibirá después una promesa y una misión: ser bendición para las familias de la tierra.

La fidelidad personal y la responsabilidad hacia otros no son caminos separados.

Muchos siglos después, Yeshúa volverá precisamente a los días de Noaj cuando hable acerca de Su venida:

«Porque como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre».Mateo 24:37

Yeshúa no utiliza los días de Noaj simplemente para recordar una historia antigua. Señala una generación que continuaba con su vida cotidiana mientras ignoraba la realidad espiritual que tenía delante.

La advertencia sigue siendo actual.

Es posible acostumbrarse tanto a una determinada forma de vivir que dejamos de preguntarnos si todavía estamos caminando con Dios. Podemos continuar con nuestras actividades, nuestras reuniones, nuestras palabras y nuestras costumbres, y al mismo tiempo perder de vista aquello que realmente importa.

Noaj nos recuerda que la fidelidad comienza escuchando a Dios.

También nos recuerda que no siempre veremos el fruto de aquello que hacemos en obediencia.

No sabemos cuánto logró Noaj con sus advertencias. No sabemos si alguno de sus contemporáneos estuvo cerca de cambiar. Lo que sabemos es que Noaj permaneció fiel a la palabra que había recibido.

Y eso importa.

Porque nuestra responsabilidad no consiste en controlar el resultado. Consiste en responder fielmente cuando Dios habla.

La historia de Noaj continúa con sus hijos, con las naciones que descienden de ellos y finalmente con Babel. Allí la humanidad vuelve a reunirse y dice:

«Hagámonos un nombre».Bereshit 11:4

La humanidad vuelve a buscar grandeza sin Dios.

Y entonces, inmediatamente después de Babel, la Torá dirige nuestra mirada hacia Avram.

La historia vuelve a comenzar con un llamado.

Un hombre sale de su tierra.

Una familia comienza a caminar.

Una promesa es pronunciada.

Y Dios declara que por medio de esa familia serán benditas todas las familias de la tierra.

La historia de Noaj, entonces, no es solamente una historia sobre el diluvio. Es una historia sobre lo que significa permanecer fiel cuando la mayoría ha tomado otro camino.

Noaj no pudo salvar a su generación por la fuerza de sus propias palabras. Pero pudo permanecer fiel.

Pudo obedecer.

Pudo construir.

Pudo advertir.

Pudo entrar en el arca.

Y pudo comenzar de nuevo cuando las aguas descendieron.

Eso también puede suceder con nosotros.

No siempre podremos cambiar las circunstancias que nos rodean. No siempre podremos convencer a quienes amamos. No siempre veremos el resultado de aquello que enseñamos o hacemos.

Pero podemos caminar con Dios.

Podemos permanecer fieles.

Podemos hablar cuando corresponda.

Podemos enseñar a nuestros hijos.

Podemos cuidar aquello que Dios nos ha confiado.

Podemos ser una presencia de verdad en medio de una generación confundida.

Y podemos recordar que la fidelidad no consiste únicamente en protegernos del mal que nos rodea. También puede convertirse en una fuente de bendición para quienes están cerca.

Por eso, la pregunta que Noaj deja a nuestra generación no es solamente:

¿Cómo sobreviviré en medio de una generación que se ha apartado de Dios?

Es también:

¿Qué haré con la fidelidad que Dios ha puesto en mí?

Quizás no estamos llamados a cambiar una generación entera.

Pero sí estamos llamados a caminar con Dios.

Quizás nunca veremos el resultado completo de nuestra obediencia.

Pero podemos obedecer hoy.

Quizás quienes nos rodean no quieran escuchar.

Pero podemos permanecer fieles a la verdad que hemos recibido.

Noaj caminó con Dios en medio de una generación que había perdido el rumbo. Avraham caminaría después para convertirse en bendición para las naciones. Y Yeshúa llamaría a Sus discípulos a ser «la luz del mundo» (Mateo 5:14).

La fidelidad comienza en el corazón, pero no tiene por qué terminar allí.

Una invitación

Camina con Dios.

Permanece fiel.

Habla cuando debas hablar.

Obedece cuando Él te llame.

Y permite que aquello que Dios ha hecho en ti también pueda convertirse en bendición para otros.

Porque una generación puede apartarse de Dios.

Pero mientras haya hombres y mujeres dispuestos a caminar con Él, la historia todavía puede continuar.

«Noaj era un hombre justo, perfecto en sus generaciones; con Dios caminó Noaj».Bereshit 6:9
Edison Oquendo Autor del comentario · Redimidos de las Naciones

Referencias bíblicas principales

Torá

  • Bereshit 6:9 — Noaj, hombre justo que caminaba con Dios.
  • Bereshit 6:22 — Noaj hace conforme a todo lo que Dios le mandó.
  • Bereshit 7:1 — «Entra tú y toda tu casa en el arca».
  • Bereshit 7:21 — El juicio del diluvio.
  • Bereshit 8:1 — Dios se acuerda de Noaj.
  • Bereshit 8:20 — El altar después del diluvio.
  • Bereshit 9:6 — La imagen de Dios y el valor de la vida humana.
  • Bereshit 9:12 — El arco como señal del pacto.
  • Bereshit 9:20–21 — La viña y la fragilidad de Noaj.
  • Bereshit 11:4 — Babel: «Hagámonos un nombre».
  • Bereshit 12:1–3 — El llamado de Avraham y la bendición a las familias de la tierra.

Brit Jadashá

  • Mateo 5:14 — «La luz del mundo».
  • Mateo 24:37 — «Como en los días de Noé».
  • Hebreos 11:7 — La fe de Noaj al preparar el arca.

Referencias rabínicas

  • Talmud de Babilonia, Sanhedrín 108a — Rabí Yohanan y Reish Lakish sobre «en sus generaciones»; Rabí Yosei de Cesarea: Noaj llamaba a su generación a la teshuvá.
  • Talmud de Babilonia, Sanhedrín 108b — Rava: Noaj reprendía a su generación con palabras «duras como antorchas».

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