Biblioteca Bíblica — Volumen 1: El Reino de Dios
La vocación de Israel dentro del plan redentor de Dios.
«Porque los dones y el llamamiento de Dios son irrevocables.»Romanos 11:29
Pocas preguntas han generado tanto debate como esta: ¿Qué lugar ocupa Israel en el plan de Dios después de la venida del Mesías?
A lo largo de la historia se han desarrollado distintas respuestas. Algunos sostienen que Israel dejó de tener un papel particular y que todas las promesas fueron transferidas íntegramente a la Iglesia. Otros consideran que existe una separación absoluta entre Israel y las naciones dentro del propósito de Dios.
Sin embargo, cuando seguimos el hilo de las Escrituras desde Génesis hasta Apocalipsis, encontramos un panorama más amplio. Israel ocupa un lugar central en la historia de la redención, no por sus méritos, sino por la fidelidad de Dios a sus pactos. Al mismo tiempo, las promesas dadas a Abraham siempre tuvieron un alcance universal: por medio de su descendencia serían bendecidas todas las familias de la tierra.
Comprender el papel de Israel es esencial para entender el Reino de Dios, porque el Reino no surge al margen de la historia de Israel, sino que se manifiesta dentro de ella y, desde allí, se extiende a las naciones.
1. Israel nace del pacto, no de un privilegio étnico
La historia de Israel comienza con el llamado de Abraham.
Dios le dice:
«Haré de ti una nación grande... y en ti serán benditas todas las familias de la tierra.»Génesis 12:2--3
Desde el inicio observamos dos dimensiones inseparables.
La primera es particular: Dios forma un pueblo con el cual establece una relación de pacto.
La segunda es universal: ese pueblo existe para que la bendición alcance a todas las naciones.
La elección de Israel no responde a una superioridad moral ni a un favoritismo arbitrario. Deuteronomio lo expresa con claridad:
«No por ser vosotros más numerosos que todos los pueblos os ha querido Adonai... sino por cuanto Adonai os amó y quiso guardar el juramento que hizo a vuestros padres.»Deuteronomio 7:7--8
La identidad de Israel está fundada en la fidelidad de Dios a sus promesas.
2. Un reino de sacerdotes para las naciones
En el monte Sinaí, Dios declara:
«Vosotros me seréis un reino de sacerdotes y una nación santa.»Éxodo 19:6
Esta expresión resume la vocación de Israel.
Un sacerdote no existe para sí mismo. Su función es servir como mediador, enseñar la voluntad de Dios y acercar al pueblo a la presencia del Señor.
Cuando Dios llama a Israel «reino de sacerdotes», le confía una misión: reflejar su carácter y dar testimonio de Él ante las naciones.
Por eso, la Torá no debe entenderse únicamente como un conjunto de mandamientos para la vida interna de Israel. También tenía una dimensión testimonial. La justicia, la misericordia y la santidad del pueblo debían mostrar quién era el verdadero Rey.
3. La infidelidad de Israel y la fidelidad de Dios
La historia bíblica no idealiza a Israel.
Los libros históricos y los profetas describen con honestidad su idolatría, sus injusticias y sus repetidas rebeliones contra Dios.
El exilio constituye una de las consecuencias más dramáticas de esa infidelidad.
Sin embargo, incluso en medio del juicio, los profetas anuncian que Dios no abandonará el pacto.
Jeremías proclama:
«Si faltaran estas leyes delante de mí... también la descendencia de Israel dejaría de ser nación delante de mí para siempre.»Jeremías 31:35--37
La esperanza de Israel no descansa en su capacidad para permanecer fiel, sino en la fidelidad inquebrantable de Dios.
4. El Mesías viene primero a las ovejas perdidas de Israel
Cuando comienza su ministerio, Yeshúa declara:
«No he sido enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel.»Mateo 15:24
Esta afirmación no limita el alcance universal de su misión, sino que muestra el orden del cumplimiento de las promesas.
El Mesías viene primero al pueblo del pacto porque allí habían sido anunciadas las promesas, los profetas y el linaje de David.
Desde Israel, el Reino comenzaría a extenderse hasta los confines de la tierra.
Esto ya estaba anticipado por Isaías, quien presenta al Siervo del Señor diciendo:
«Poco es para mí que tú seas mi siervo para levantar las tribus de Jacob... también te di por luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta lo último de la tierra.»Isaías 49:6
La misión universal del Mesías no sustituye a Israel; nace de la vocación dada a Israel.
Desde el principio, la elección de Israel incluía una misión universal.
5. Pablo y el olivo
Uno de los pasajes más importantes para comprender la relación entre Israel y las naciones se encuentra en Romanos 11.
Pablo utiliza la imagen de un olivo.
La raíz representa las promesas y los pactos de Dios.
Algunas ramas naturales fueron desgajadas debido a la incredulidad.
Ramas de olivo silvestre —los creyentes procedentes de las naciones— fueron injertadas.
Sin embargo, Pablo insiste en dos advertencias fundamentales.
La primera:
«No seas arrogante para con las ramas.»Romanos 11:18
La segunda:
«Dios es poderoso para volverlas a injertar.»Romanos 11:23
La imagen del olivo no describe la sustitución de un pueblo por otro. Habla de un mismo árbol alimentado por la misma raíz del pacto, en el que Dios incorpora a las naciones por medio de la fe y mantiene abierta la esperanza para Israel.
La metáfora del olivo enfatiza la continuidad del pueblo del pacto más que la creación de dos pueblos separados.
6. ¿Ha desechado Dios a Israel?
Pablo plantea esta pregunta de manera explícita:
«¿Ha desechado Dios a su pueblo? En ninguna manera.»Romanos 11:1
La respuesta no deja lugar a dudas.
El rechazo del Mesías por parte de muchos dentro de Israel no significa que Dios haya anulado sus promesas.
Al contrario, Pablo contempla un misterio: la incorporación de las naciones forma parte del propósito de Dios y, al mismo tiempo, mantiene la esperanza de una futura restauración de Israel.
Este equilibrio evita dos extremos:
- pensar que Israel ya no tiene ningún papel en el plan de Dios;
- pensar que la salvación depende de la pertenencia étnica.
El Reino se fundamenta en la fidelidad del Rey y en la respuesta de fe a su llamado.
7. Israel en la esperanza del Reino
Los profetas anuncian un tiempo en el que Dios reunirá a su pueblo, establecerá justicia y atraerá a las naciones para adorarle.
El Nuevo Testamento mantiene esa esperanza.
El Reino de Dios no borra la historia de Israel; la lleva hacia su cumplimiento en el Mesías.
Al mismo tiempo, muestra que la bendición prometida a Abraham alcanza a personas de toda lengua y nación.
Así, Israel conserva un lugar significativo dentro del plan de Dios, mientras el Reino continúa extendiéndose hasta que todas las cosas sean restauradas.
El Reino culminará cuando todas las promesas de Dios encuentren su pleno cumplimiento bajo el gobierno del Mesías.
Israel ocupa un lugar fundamental en la historia del Reino de Dios porque fue el pueblo llamado para recibir los pactos, preservar las Escrituras y dar origen al linaje del Mesías. La elección de Israel nunca fue un privilegio excluyente, sino una vocación al servicio del propósito redentor de Dios.
En el Mesías, las promesas hechas a Abraham comienzan a alcanzar a las naciones sin que ello implique la anulación de los pactos con Israel. El Reino reúne a un solo pueblo bajo el gobierno del Rey, formado por judíos y gentiles que responden con fe, cada uno honrando el lugar que Dios le ha dado dentro de su plan.
- La elección de Israel nace del pacto y de la fidelidad de Dios, no de méritos humanos.
- Israel fue llamado a ser un reino de sacerdotes para bendecir a las naciones.
- Los profetas anuncian la restauración de Israel incluso después del exilio.
- El ministerio del Mesías comienza en Israel y, desde allí, alcanza a todas las naciones.
- Romanos 11 presenta la imagen del olivo para mostrar la continuidad del plan de Dios y la incorporación de los creyentes de entre las naciones.
- El Reino cumple las promesas hechas a Israel y extiende sus bendiciones a toda la humanidad.
La expresión Am Israel significa "el pueblo de Israel". En las Escrituras no describe simplemente una identidad étnica, sino al pueblo llamado por Dios mediante el pacto con Abraham, Isaac y Jacob para cumplir un propósito dentro de la historia de la redención.
Comprender este concepto ayuda a distinguir entre la elección como vocación y cualquier idea de superioridad nacional o espiritual.
